Para beneficiarnos de la disciplina de Dios, debemos primero reconocerla como tal.
Las dificultades son parte de la existencia humana. Son tan comunes
que rara vez nos detenemos a pensar si el Señor pudiera estar tratando
de captar nuestra atención por medio de ellas. Desde nuestra miope
perspectiva, cada incidente es un hecho aislado, y nuestro objetivo es
resolverlo y volver a la normalidad. Pero, ¿y si la situación es una
disciplina de parte de Dios? El Señor utiliza diferentes métodos para
enseñarnos y corregirnos, pero si no reconocemos lo que Él está
haciendo, desaprovecharemos su valiosa enseñanza.
Entonces, ¿cómo podemos discernir si nuestros problemas son una
disciplina divina, o simplemente el resultado de vivir en un mundo
caído? No hay ninguna razón para ver cada problema o cada sufrimiento
como un castigo por el pecado; pero, tampoco queremos desaprovechar la
corrección que nos envía nuestro Padre celestial.
Lea Hebreos 12.1-13
Antes de abrir su Biblia, pídale al
Espíritu Santo que le indique lo que quiere que usted aprenda. Luego,
lea el pasaje, y anote sus primeras impresiones: ¿Qué preguntas tiene?
¿Hay algo confuso? ¿Qué versículos hablan a su situación actual?
Antes de que podamos percibir la disciplina de Dios, tenemos que entender qué es y cuál es su propósito. La palabra griega “paideia”
abarca la totalidad de la formación y la educación de un niño: tutela,
órdenes que debe cumplir, amonestación, reprensión y castigo. Cuando la
palabra tiene que ver con un adulto, se refiere a todo lo que cultiva al
alma e incrementa la virtud, especialmente por medio de la corrección y
del freno a las pasiones.Con frecuencia consideramos que la disciplina es lo mismo que castigo; sin embargo, el Señor también nos disciplina de una manera positiva. Por ejemplo, la misma palabra griega es traducida como “instruir” en 2 Timoteo 3.16 (NVI): “Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia” (énfasis añadido). Lo cual significa que la Biblia es un instrumento de disciplina. Cuando prestamos atención a sus instrucciones, somos instruidos para vivir rectamente, evitando así el dolor que sufren quienes hacen caso omiso de la Palabra de Dios.
Con esta definición, cada aspecto de la vida es una oportunidad para recibir instrucción de Dios. Algunas veces sufrimos porque hemos pecado y el Señor quiere traernos de vuelta a la obediencia. Pero en otras ocasiones, las pruebas pueden venirnos mientras estamos caminando obedientemente con Él. Esto fue lo que sucedió con Pablo. (Véase 2 Co 12.7-10). El “aguijón en la carne” era un medio para proteger al apóstol del orgullo. Dios también utilizó ese aguijón para enseñarle a Pablo —y a nosotros— que el poder divino se perfecciona en la debilidad humana. Ambas situaciones pueden definirse como disciplina de Dios, ya que logran “que participemos de su santidad” (He 12.10).
Porque Dios Nos conoce a cada uno y a nuestras respuestas perfectamente, sabe cómo enseñarnos lo que necesitamos aprender.
Reflexione
Ponga por escrito lo que piense.
-
Hebreos 12
compara nuestra vida a una carrera, y nos exhorta a despojarnos de todo
peso y del pecado que nos oprimen. Una manera de combatir el pecado es
por medio de la enseñanza que nos ofrece la disciplina de Dios (He 12.4). En el versículo que sigue, se nos dice que no tomemos a la ligera su disciplina, y que no nos desanimemos por causa de ella (He 12.5). Según Proverbios 3.11, 12,
¿qué debemos evitar hacer? ¿Ha actuado usted de alguna de estas
maneras? ¿Por qué dejar que estas respuestas obstaculicen lo que el
Señor quiere hacer en su vida?
-
La disciplina del Señor es evidencia de que nos ama (He 12.6-10).
Sin embargo, en medio de nuestro pesar, podemos sentir que Él está
enojado con nosotros. ¿Qué cree usted que nos impide sentir su amor?
-
La disciplina suele ser dolorosa, pero tiene buenos resultados si aprendemos de ella. Según Hechos 12.10, 11, ¿qué quiere el Señor producir en nuestra vida?
Responda
-
La disciplina de Dios no es la misma para todos sus hijos. Porque
nos conoce a cada uno y a nuestras respuestas perfectamente, sabe cómo
enseñarnos lo que necesitamos aprender. ¿Es usted una persona dócil que
aprende con rapidez y obedece con prontitud? ¿O el Padre celestial
tiene que “levantar su voz” con dolor y dificultades para impulsarle a
obedecer?
-
A veces, el Señor actúa en nuestra vida para corregir ciertas
conductas. Es posible que ni siquiera hayamos estado conscientes de
ellas hasta el momento en que fuimos disciplinados. ¿Lucha usted con
algo parecido? ¿Qué puede hacer según Hechos 12.12, 13?
-
La Biblia nos dice que la enfermedad es uno de los métodos de disciplina del Señor (1 Co 11.28-32).
Pero, puesto que no siempre nos enfermamos para ser disciplinados,
podemos simplemente considerar nuestros padecimientos como parte de la
vida. ¿Qué nos aconseja hacer Santiago 5.14-16 ante la enfermedad?
¿Alguna vez ha observado a un niño que parece no estar consciente de la voz de uno de sus padres? Así es como actuamos algunas veces con Dios.
Repase
-
¿Alguna vez ha observado a un niño que parece no estar consciente
de la voz de uno de sus padres? A pesar de que le dicen una y otra vez
—con mayor volumen— que deje de jugar y que se prepare para ir a la
cama, su atención sigue centrada exclusivamente en lo que está haciendo.
Así es como actuamos algunas veces con Dios. Estamos tan concentrados
en nuestras cosas, que no percibimos sus intentos de captar nuestra
atención. ¿Cómo vamos a prestar atención a su disciplina si no tenemos
oídos para oír?
-
Pida al Señor que adapte sus oídos al sonido de su voz. Comience
el día leyendo su Palabra y tomando nota de cualquier instrucción o cosa
que deba cambiar. Considere si está llevando consigo muchas cargas o si
está pecando. ¿Puede discernir algunas consecuencias? Si es así,
¿pudiera ser la disciplina del Señor? ¿Qué pasos puede dar para tomar el
rumbo correcto de su vida (Pr 3.6)?
No hay comentarios.:
Publicar un comentario