sábado, 12 de noviembre de 2016

PAZ MIENTRAS LA MAYORÍA DESESPERA

 

Jeremiah Burroughs escribió:
“Mantente ocupado en el hombre interior,
esa es la esfera de un cristiano.
Si el corazón se mantiene en el marco correcto,
el hombre exterior estará bien también”.

Meditamos en una porción de la Palabra de Dios cada mañana


“Así que, hermanos míos amados y deseados, gozo y corona mía, estad así firmes en el Señor, amados”
(Filipenses 4:1)

En el devocional de hoy continuamos uniendo cada aspecto de este pasaje de Filipenses 4 con nuestro tema principal: la paz.

Aquí hay una exhortación vital en la vida de la Iglesia"estad firmes".
Esto nos habla de luchas, conflictos, batallas, dificultades, angustias, momentos en que a nuestros ojos hemos sido derrotados, circunstancias contrarias a lo que esperábamos, traiciones, personas que nos defraudan, problemas económicos, soledades, enfermedades...
Y aquí, en todo eso, la exhortación es clara"hermanos míos amados... estad firmes".
"Ellos son amonestados a continuar inquebrantables, como un soldado que permanece firmemente en la batalla" (Peter O'Brien - "The Epistle to the Philippians").
El apóstol Pablo está diciendo:"mantenganse constantes, perseverando, sin claudicar, sin doblegarse, continuen confiando, batallando hasta alcanzar las promesas de Dios".

Mucha gente que no conoce a Dios, dice: "Si Dios existiera no habría sufrimiento".  
Ellos piensan que las Escrituras afirman algo como: "Yo soy el Todopoderoso, si me ignoras vas a sufrir; pero si me buscas a mí, yo voy a hacer que toda tu vida sea perfecta en este mundo y que ya no sufras más ningún revés"
Estas palabras no son más que producto de la imaginación.  
La realidad es que el sufrimiento es una prueba más de que la Biblia es verdad.
La Palabra de Dios no sólo describe a un mundo presente en turbación y dolor (Génesis 3:15-19; Eclesiastés 1 y 2), sino que clarifica con lujo de detalles las razones de esto para que el hombre pueda tener un panorama amplio del tiempo que está viviendo. 

¿Enfrentas alguna aflicción?
NO te sorprendas (1 Pedro 4:12,13), deja de esperar que Dios no cumpla sus planes presentes en este mundo. EL ha determinado que las consecuencias de la rebelión humana permanezcan aún (Romanos 8:18-23). ¡Esto sucederá hasta que el Señor vuelva (2 Tesalonicenses 1:3-7)!

Por esto Pablo no escribe: "oren para que no sufran en nada".
Sino, sabiendo de las tentaciones y males de este mundo, exhorta: "estad firmes".
¿Cómo?
Presta atención a la exhortación completa"Estad firmes EN EL SEÑOR, amados".
"En el Señor" es decisivo.
No en la confianza de que podrás. No repitiéndote: "yo puedo. Esta prueba no podrá conmigo".
¡NO!
"Estad firmes EN EL SEÑOR".

Aprende, ejercita, el pasar las tormentas aferrado a las fuerzas de Dios, firme en el Señor... Y experimentaras algo fuera de lo común: tendrás paz mientras la mayoría desespera. 
El pasaje mismo trae el resultado"y la paz de Dios... guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos"(Filipenses 4:7).

Gracias mi Dios: "Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado"(Isaías 26:3).  

jueves, 10 de noviembre de 2016

Señor, ¿estás tratando de decirme algo?

Para beneficiarnos de la disciplina de Dios, debemos primero reconocerla como tal.

Las dificultades son parte de la existencia humana. Son tan comunes que rara vez nos detenemos a pensar si el Señor pudiera estar tratando de captar nuestra atención por medio de ellas. Desde nuestra miope perspectiva, cada incidente es un hecho aislado, y nuestro objetivo es resolverlo y volver a la normalidad. Pero, ¿y si la situación es una disciplina de parte de Dios? El Señor utiliza diferentes métodos para enseñarnos y corregirnos, pero si no reconocemos lo que Él está haciendo, desaprovecharemos su valiosa enseñanza.
Entonces, ¿cómo podemos discernir si nuestros problemas son una disciplina divina, o simplemente el resultado de vivir en un mundo caído? No hay ninguna razón para ver cada problema o cada sufrimiento como un castigo por el pecado; pero, tampoco queremos desaprovechar la corrección que nos envía nuestro Padre celestial.

                         


 Lea Hebreos 12.1-13
Antes de abrir su Biblia, pídale al Espíritu Santo que le indique lo que quiere que usted aprenda. Luego, lea el pasaje, y anote sus primeras impresiones: ¿Qué preguntas tiene? ¿Hay algo confuso? ¿Qué versículos hablan a su situación actual?
Antes de que podamos percibir la disciplina de Dios, tenemos que entender qué es y cuál es su propósito. La palabra griega “paideia” abarca la totalidad de la formación y la educación de un niño: tutela, órdenes que debe cumplir, amonestación, reprensión y castigo. Cuando la palabra tiene que ver con un adulto, se refiere a todo lo que cultiva al alma e incrementa la virtud, especialmente por medio de la corrección y del freno a las pasiones.
Con frecuencia consideramos que la disciplina es lo mismo que castigo; sin embargo, el Señor también nos disciplina de una manera positiva. Por ejemplo, la misma palabra griega es traducida como “instruir” en 2 Timoteo 3.16 (NVI): “Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia” (énfasis añadido). Lo cual significa que la Biblia es un instrumento de disciplina. Cuando prestamos atención a sus instrucciones, somos instruidos para vivir rectamente, evitando así el dolor que sufren quienes hacen caso omiso de la Palabra de Dios.
Con esta definición, cada aspecto de la vida es una oportunidad para recibir instrucción de Dios. Algunas veces sufrimos porque hemos pecado y el Señor quiere traernos de vuelta a la obediencia. Pero en otras ocasiones, las pruebas pueden venirnos mientras estamos caminando obedientemente con Él. Esto fue lo que sucedió con Pablo. (Véase 2 Co 12.7-10). El “aguijón en la carne” era un medio para proteger al apóstol del orgullo. Dios también utilizó ese aguijón para enseñarle a Pablo —y a nosotros— que el poder divino se perfecciona en la debilidad humana. Ambas situaciones pueden definirse como disciplina de Dios, ya que logran “que participemos de su santidad” (He 12.10).

Porque Dios Nos conoce a cada uno y a nuestras respuestas perfectamente, sabe cómo enseñarnos lo que necesitamos aprender.

Reflexione

Ponga por escrito lo que piense.
  • Hebreos 12 compara nuestra vida a una carrera, y nos exhorta a despojarnos de todo peso y del pecado que nos oprimen. Una manera de combatir el pecado es por medio de la enseñanza que nos ofrece la disciplina de Dios (He 12.4). En el versículo que sigue, se nos dice que no tomemos a la ligera su disciplina, y que no nos desanimemos por causa de ella (He 12.5). Según Proverbios 3.11, 12, ¿qué debemos evitar hacer? ¿Ha actuado usted de alguna de estas maneras? ¿Por qué dejar que estas respuestas obstaculicen lo que el Señor quiere hacer en su vida?
  • La disciplina del Señor es evidencia de que nos ama (He 12.6-10). Sin embargo, en medio de nuestro pesar, podemos sentir que Él está enojado con nosotros. ¿Qué cree usted que nos impide sentir su amor?
  • La disciplina suele ser dolorosa, pero tiene buenos resultados si aprendemos de ella. Según Hechos 12.10, 11, ¿qué quiere el Señor producir en nuestra vida?

Responda

  • La disciplina de Dios no es la misma para todos sus hijos. Porque nos conoce a cada uno y a nuestras respuestas perfectamente, sabe cómo enseñarnos lo que necesitamos aprender. ¿Es usted una persona dócil que aprende con rapidez y obedece con prontitud? ¿O el Padre celestial tiene que “levantar su voz” con dolor y dificultades para impulsarle a obedecer?
  • A veces, el Señor actúa en nuestra vida para corregir ciertas conductas. Es posible que ni siquiera hayamos estado conscientes de ellas hasta el momento en que fuimos disciplinados. ¿Lucha usted con algo parecido? ¿Qué puede hacer según Hechos 12.12, 13?
  • La Biblia nos dice que la enfermedad es uno de los métodos de disciplina del Señor (1 Co 11.28-32). Pero, puesto que no siempre nos enfermamos para ser disciplinados, podemos simplemente considerar nuestros padecimientos como parte de la vida. ¿Qué nos aconseja hacer Santiago 5.14-16 ante la enfermedad?

¿Alguna vez ha observado a un niño que parece no estar consciente de la voz de uno de sus padres? Así es como actuamos algunas veces con Dios.

Repase

  • ¿Alguna vez ha observado a un niño que parece no estar consciente de la voz de uno de sus padres? A pesar de que le dicen una y otra vez —con mayor volumen— que deje de jugar y que se prepare para ir a la cama, su atención sigue centrada exclusivamente en lo que está haciendo. Así es como actuamos algunas veces con Dios. Estamos tan concentrados en nuestras cosas, que no percibimos sus intentos de captar nuestra atención. ¿Cómo vamos a prestar atención a su disciplina si no tenemos oídos para oír?
  • Pida al Señor que adapte sus oídos al sonido de su voz. Comience el día leyendo su Palabra y tomando nota de cualquier instrucción o cosa que deba cambiar. Considere si está llevando consigo muchas cargas o si está pecando. ¿Puede discernir algunas consecuencias? Si es así, ¿pudiera ser la disciplina del Señor? ¿Qué pasos puede dar para tomar el rumbo correcto de su vida (Pr 3.6)?